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Apuntes
El apego y la privación de los cuidados maternos
 

Introducción

Este trabajo trata sobre el apego y la privación de los cuidados maternos en lactantes y niños de hasta 3 años de edad.
En el apartado de apego se definirá su significado, conducta que se desarrolla, así como los tipos de apego que existen.
En la privación de los cuidados maternos hablaremos de los diversos tipos y/o circunstancias que se dan, y las consecuencias que se derivan.

El objetivo es facilitar la comprensión de los términos y ver de qué modo incide en el desarrollo del niño.

1. Apego
El apego es una relación emocional íntima entre dos personas, caracterizada por afecto mutuo y un deseo de mantener proximidad. Antes de transcurridos los seis primeros meses de vida, todo bebé ha desarrollado un fuerte lazo con alguna figura, normalmente con la materna.
Los bebés gozan con la compañía de otros seres humanos. Incluso, durante los primeros días de vida, éstos son reconfortados por medio de la interacción social – que incluye actos tales como el de levantarlos en brazos, hablarles o acariciarles – y muy pronto parecen empezar a disfrutar observando a las personas que se mueven a su alrededor.

La conducta de apego
Todo ser humano desarrolla una conducta de apego. Se considera que dicha la conducta de apego tiene lugar cuando se activan determinados sistemas de conducta. Y se cree que tales sistemas se desarrollan en el bebé como resultado de su interacción con el ambiente de adaptación evolutivo, y en especial, con la principal figura de ese ambiente, es decir, la madre.

Se han registrado amplias variaciones en el ritmo con que los niños desarrollan la conducta de apego, y en la intensidad y la coherencia con que se manifiesta dicha conducta que puede variar de un día a otro, o incluso en un término de unas horas.

Las variables que explican los cambios a corto plazo son de dos tipos: orgánicas y ambientales. Entre las primeras, Ainsworth cita el hambre, la fatiga, la enfermedad y la tristeza, las cuales inducen al llanto y a las conductas de seguimiento. En cuanto a los factores ambientales, la conducta de apego se intensifica cuando el niño se siente alarmado, en este contexto se advirtió el llamado “aferramiento generado por el temor”.
La conducta de orientación es un requisito indispensable de la conducta de apego. Las pautas de conducta mas concretas que facilitan la formación del apego pueden clasificarse en dos categorías principales:

1.conducta de señales, cuyo efecto es llevar a la madre hacia el hijo.
2.conducta de acercamiento, cuyo efecto es llevar el niño hacia la madre.
Conducta de señales: el llanto, la sonrisa, el balbuceo y, posteriormente, la llamada y determinados gestos, pueden clasificarse todos como señales sociales y su resultado previsible es aumentar la proximidad entre madre e hijo. El llanto se puede producir en circunstancias muy diferentes y adopta pautas también diferentes (llanto por hambre o llanto por dolor). Ambos tipos de llanto suelen afectar a la conducta de la madre, aunque de modo diferente. La sonrisa y el balbuceo tienen lugar en circunstancias muy diferentes y sus efectos son también por completo diferentes. A diferencia de lo que ocurre con el llanto, ya que es eficaz desde el nacimiento, ni la sonrisa ni el balbuceo influyen demasiado sobre la conducta materna antes de transcurridas las cuatro semanas. La sonrisa del bebé afecta a la madre de tal manera que aumenta las posibilidades de que en el futuro reaccione ante las señales de éste con más rapidez y de manera más adecuada para asegurar su supervivencia. El balbuceo de satisfacción del bebé probablemente ejerza los mismos efectos a largo plazo.
Un tipo de señal muy diferente de las que acabamos de considerar y que tiene gran interés es el gesto de levantar los brazos que puede verse en los bebés de alrededor de seis meses cuando la madre se acerca a su cuna; y, también, en el niño cuando empieza a gatear, tanto cuando él se aproxima a la madre como cuando ésta se acerca a él. La madre casi siempre interpreta el gesto como deseo de ser levantado en brazos y suele reaccionar en consecuencia.
Otro elemento sumamente importante es la succión. Suele interpretarse como un simple medio de ingerir comida aunque tiene también otras funciones. Todos los bebés, pasan muchísimo tiempo agarrados y/o succionando un pezón u objeto de forma parecida, aunque la mayor parte del tiempo no obtiene ningún alimento. El resultado es que, en condiciones naturales, una de las consecuencias primordiales de la succión no alimenticia y de agarrarse al pezón es que el bebé se mantiene en contacto muy estrecho con la madre, por lo tanto es parte integral de la conducta de apego.
Aunque se han realizado observaciones detalladas del desarrollo de la conducta de apego durante el primer año de vida, no ocurre así con su evolución en los años posteriores. Los datos obtenidos sugieren, de manera concluyente, que durante el segundo año y la mayor parte del tercero las manifestaciones de conducta de apego no son menos intensas ni menos frecuentes que hacia fines del primer año. Sin embargo, al ensancharse el campo perceptual del niño y aumentar su capacidad para comprender los hechos del mundo que le rodea, se producen cambios en las circunstancias que dan lugar a esa conducta.

Diferencia entre apego y dependencia

El término dependencia tiene que ver con la idea de que el niño construye un vínculo con la madre porque depende de ella como fuente de gratificación fisiológica, pero es muy distinto depender de una figura materna que estar apegado a ella. Es decir, durante las primeras semanas de vida, el bebé depende, sin duda, de los cuidados de la madre, pero todavía no está apegado a ella. Por otro lado, el niño de dos o tres años puesto al cuidado de extraños puede dar claros signos de que continúa apegado de modo muy fuerte a la madre, en ese momento no depende de ella.
La consecuencia de estos significados diferentes es que, mientras la dependencia es absoluta en el momento del nacimiento y disminuye más o menos gradualmente hasta la madurez, el apego todavía no se ha forjado al nacer y sólo se pone en evidencia de un modo muy claro después de los seis meses. Ambos términos no son en absolutos sinónimos.

1.1 Tipos de Apego
Es posible clasificar el apego de un bebé en cuatro categorías:

Apego seguro
El bebé con este tipo de apego explora de forma activa mientras está solo con la madre y puede inquietarse de forma visible cuando lo separan de ésta. El niño es sociable con extraños mientras la madre está presente.

Apego resistente
El bebé que muestra este tipo de apego “inseguro”, trata de permanecer cerca de su madre y explorar muy poco mientras ella está presente. Se inquieta mucho cuando ésta se marcha, pero cuando regresa, es ambivalente: permanece en su cercanía, aunque parece irritado con ella por haberlo dejado y es probable que se resista al contacto físico que intenta la madre. Es sumamente cauteloso con extraños, aun en presencia de su madre.

Apego evasivo
El bebé que muestra este tipo de apego, a menudo manifiesta poco malestar cuando es separado de la madre. Es bastante sociable con extraños pero en ocasiones puede evitarlos o pasarlos por alto de forma muy parecida a como lo hace con su madre.

Apego desorganizado
Este bebé parece ser una curiosa combinación entre los patrones resistente y evasivo que refleja confusión ante la disyuntiva de acercarse o evitar al cuidador.

2. La privación de los cuidados maternos
La ausencia de la relación materno-filial se denomina “privación maternal”. Pero es este un término muy amplio que comprende varias situaciones.
Freud escribe; la maduración del sistema nervioso, que prosigue hasta mucho después del nacimiento, da lugar a una sucesión de experiencias en las que en un principio la figura materna no representa más que la satisfacción de una necesidad. Cuando el niño es capaz de reconocerla, satisfecha su hambre, puede naturalmente formarse una idea del objeto materno, distinguirlo de sí mismo y diferenciarse así de él como algo independiente (autonomización). Este es el periodo fundamental para el desarrollo mental ulterior y todo parece indicar que tal fenómeno se produce a finales del segundo semestre de la vida. Cualquier angustia posterior puede poner en peligro las bases sobre las que se organizó esta relación objetiva: el peligro externo e interno provoca angustia por temor a que la relación se desintegre. La conducta del niño no es función únicamente del grado de madurez de su sistema nervioso, sino que también la relación objetiva tiene una función maduradora. Cualquier incertidumbre y deficiencia que sufra el niño, y la privación afectiva subyacente, tendrá un efecto desfavorable sobre su desarrollo.

Tal y como hemos hecho con el apego y la dependencia también debemos distinguir entre privación y separación. La privación la definiríamos como una ausencia de la presencia materna de forma grave y en ocasiones permanente, la separación en cambio daría lugar a una ausencia de modo temporal.

A continuación nos ocuparemos de la privación. La expresión “privación materna” se ha aplicado a distintos conjuntos de circunstancias que, aisladamente o en combinación, parecen tener a veces consecuencias similares. Los tres concursos de circunstancias más estudiados son:

1. la privación que sobreviene cuando un lactante o un niño pequeño vive en una institución u hospital donde no dispone de un sustitutivo a su madre, donde recibe unos cuidados maternales insuficientes y, por consiguiente, tiene escasa oportunidad para mantener contactos recíprocos con una figura materna.
2. la privación que sobreviene cuando un lactante o un niño pequeño vive con su madre o sustituta permanente de la que no recibe los cuidados necesarios y con la que tiene una relación recíproca insuficiente.
3. la privación consecutiva a la incapacidad del propio niño para establecer contacto con la figura materna aun cuando ésta exista y esté dispuesta a prodigarle sus cuidados; esta incapacidad de relación es consecutiva a repetidas roturas de lazos con otras figuras maternas, es decir a experiencias previas de privación, que son posiblemente la causa de la incapacidad mencionada.
En todas estas circunstancias, la privación materna queda implícitamente definida como la insuficiencia de relaciones entre el niño y la figura materna.
La privación materna tiene efectos diferentes sobre las distintas funciones. Aunque una privación grave y prolongada durante la primera infancia puede afectar simultáneamente a un número tal de funciones que el niño parezca totalmente trastornado, si se procede a un examen riguroso, se encuentra que unos procesos están más afectados que otros. La edad del niño – y más precisamente su estado de desarrollo - cuando comienza la privación parece ser un factor importante en la determinación de las funciones que se alteran y del grado que lo hacen.
Dicha privación tiene efectos distintos sobre las diversas funciones; las más susceptibles parecen ciertas funciones intelectuales, en especial el lenguaje y la capacidad de abstracción, así como ciertos aspectos de la personalidad, sobre todo la capacidad de establecer y mantener relaciones interpersonales profundas y significativas y también la capacidad de contener los impulsos y el interés por los proyectos a largo término.
Se debe hacer hincapié en el hecho de que estos resultados tan nocivos pueden evitarse, al menos en parte, durante el primer año de vida, mediante los cuidados prodigados por una madre sustituta.

¿Son permanentes los efectos de la privación materna?
La afirmación de Bowlby, Spitz y otros de que la privación de los cuidados maternos grave y precoz puede tener efectos permanentes ha dado lugar a enconadas discusiones. Algunos críticos, aun acordes en que los niños pequeños manifestaban anormalidades durante la privación, se resisten a admitir que una experiencia temprana pueda dejar trastornos residuales permanentes que resistan a las influencias benéficas de la vida ulterior. Se tuvieron en cuenta en los debates varias consideraciones, de las cuales las más importantes parecen ser:

1. incluso los niños más gravemente perturbados pueden experimentar cierta mejoría si se alivia la privación.
2. el trastorno de algunas funciones parece más resistente que el de otras.
3. algunas lesiones son más evidentes y fáciles de observar que otras que, sin embargo, pueden ser más difícilmente reversibles.
4. es sumamente probable que algunos trastornos residuales no se manifiesten más que en circunstancias especiales que, quizás muchos años después, vengan a reactivar procesos patológicos puestos originalmente en marcha por la experiencia temprana de privación.

Conclusión
Es crucial para el niño, encontrar calor y seguridad en su cuidador, eso hace que confíe en éste y que posteriormente sea capaz de establecer relaciones positivas con otras personas.
De ello se deriva la necesidad de todo ser humano de establecer un vínculo afectivo con una figura cercana y como la privación de ello perjudica seriamente el desarrollo del sujeto.

Marta Pérez

 

Patricia Ordoñez-Terapeuta gestálgica-PNL-COACH